Super 8, vuestra boda, en película de verdad.
El Super 8 es película analógica de verdad, el mismo formato frágil y dorado con el que se rodaban las películas caseras hace toda una vida. No lo elijo por nostalgia. Lo elijo porque hay momentos que merecen recordarse como funciona la propia memoria: cálidos, suaves en los bordes, vivos. Cada mirada, cada lágrima, cada palabra, guardadas en algo que casi podéis sostener. Filmo bodas como quien recoge estrellas fugaces: sabiendo que cada instante es único e irrepetible.
Ya parece un recuerdo.
Algunos momentos son demasiado grandes para el 4K nítido y perfecto. El Super 8 les da peso: el grano, la calidez, el suave parpadeo de la luz atravesando película de verdad. No documenta el día; lo recuerda. Un plano rodado en Super 8 ya parece algo que guardáis desde hace años, como si el tiempo se hubiera frenado lo justo para quedarse. En un mundo que no deja de cambiar, esa es justo la sensación que quiero devolveros.
Fotogramas de bodas reales.






Rodado junto a vuestro film.
El Super 8 se entreteje en vuestro film de boda cinematográfico, o se guarda como su propio pequeño carrete dorado. La película es finita, solo caben unos segundos en cada carrete, así que no disparo sin más. Espero, observo y elijo: la mirada entre vosotros antes de los votos, la mano que no soltáis, el instante que no sabíais que estaba siendo filmado. Esa contención es justo lo importante. Es la diferencia entre grabar una boda y conservarla.